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Cómo adaptar tu cuerpo a entrenamientos nocturnos
Entrenar de noche no es simplemente cambiar la hora del día en la que corres. Es enseñarle a tu cuerpo a rendir cuando, biológicamente, se está preparando para descansar.
Muchos corredores que trabajan o estudian solo encuentran tiempo cuando cae el sol. La buena noticia es que el cuerpo se adapta. La clave está en hacerlo de forma progresiva y estratégica.
En esta guía descubrirás cómo adaptar tu cuerpo a entrenamientos nocturnos sin afectar tu rendimiento ni tu descanso.
¿Por qué entrenar de noche puede sentirse más difícil?
Nuestro organismo funciona bajo un ritmo circadiano, un reloj biológico que regula la energía, la temperatura corporal y la producción de melatonina.
A medida que avanza la noche, disminuye el estado de alerta, el cuerpo comienza a relajarse y se activa el proceso natural del sueño.
Por eso, cuando decides entrenar de noche, sientes que necesitas “arrancar el motor” con más esfuerzo.
La adaptación no es inmediata, pero sí posible.
Ajusta tu horario poco a poco
Uno de los errores más comunes al comenzar un entrenamiento nocturno es hacer un cambio brusco.
Si normalmente entrenas en la mañana o en la tarde, no pases de inmediato a correr a las 9:00 p.m. Dale tiempo a tu sistema nervioso para adaptarse.
Cómo hacerlo
- Retrasa tu entrenamiento una hora cada semana.
- Mantén días y horarios estables.
- Evita alternar constantemente entre mañana y noche.
La consistencia es el verdadero acelerador del rendimiento al entrenar de noche.
Cuida lo que comes antes de correr
La alimentación antes de correr en la noche puede marcar la diferencia entre un entrenamiento ligero y una experiencia pesada.
No se trata de cenar fuerte y luego salir a correr. Tampoco de entrenar completamente en ayunas después de un día largo.
Lo ideal es algo ligero, fácil de digerir y que aporte energía, una banana o fruta fresca, yogur natural, tostada integral con mantequilla de maní o unBatido ligero
Intenta comer entre 60 y 90 minutos antes del entrenamiento.
Evita comidas grasas o muy abundantes. El malestar digestivo es uno de los principales enemigos del running nocturno.
Activa el cuerpo antes de salir
Después de una jornada laboral, el cuerpo suele estar en modo “ahorro de energía”. Por eso el calentamiento es aún más importante cuando decides entrenar de noche.
Dedica al menos 10 minutos a la movilidad articular realizar saltos suaves, hacer progresiones cortas y tener una activación dinámica.
Este paso mejora el rendimiento al correr de noche y reduce el riesgo de lesión.
Controla la intensidad para proteger tu sueño
Uno de los mayores temores del ejercicio nocturno es no poder dormir después.
El secreto está en el equilibrio.
No todos los días deben ser de alta intensidad. Reserva los entrenamientos más exigentes para un par de días por semana y mantén rodajes suaves o controlados el resto del tiempo.
Termina siempre con unos minutos de trote muy suave y estiramientos relajantes. Esto ayuda a que el cuerpo transicione hacia el descanso.
Crea un ritual post-entrenamiento
Si quieres adaptar tu cuerpo a entrenamientos nocturnos sin afectar el sueño, necesitas un cierre adecuado.
Después de correr:
- Haz estiramientos suaves.
- Toma una ducha tibia (no demasiado caliente).
- Cena ligero si aún no lo has hecho.
- Reduce el uso de pantallas antes de dormir.
La exposición a luz intensa puede retrasar la producción de melatonina y dificultar el descanso.
Correr en la noche no es solo una solución de horario. Para muchos, se convierte en un estilo de vida.